François Houtart: Una sociología de la liberación

, por  Geoffrey Pleyers

Sacerdote comprometido y sociólogo de renombre, François Houtart falleció el 6 de junio del 2017, en la Fundación Pueblo Indio del Ecuador, donde había fijado su residencia desde hace siete años. Profesor de la Universidad Católica de Louvain desde 1958, fundador del Centro Tricontinental y doctor Honoris Causa de la Universidad de Notre-Dame (Estados Unidos, 1966) y de la Universidad de La Habana (2008), fue el autor de unos sesenta libros y de innumerables artículos.

Profesor de sociología, François Houtart se caracterizaba por un humanismo anclado en la fe cristiana y por su implicación junto a los movimientos sociales. Para él, el compromiso religioso y el compromiso social no podían ser disociados, como tampoco podían serlo el análisis de la realidad social y las luchas sociales por transformarla. Era al mismo tiempo teólogo, sociólogo y activista.

Este artículo analiza los principales ejes de las contribuciones de François Houtart a las ciencias sociales contemporáneas a partir de las convicciones que guiaron su compromiso como sociólogo junto a los actores sociales. La primera parte hace un breve recorrido de su trayectoria y su contribución a la teología de la liberación. La segunda enfatiza el rol precursor de François Houtart en las ciencias sociales en particular en el diálogo con las epistemologías del Sur que invita a analizar el mundo, los mecanismos de opresión y los proyectos de emancipación desde las perspectivas de los actores sociales y de los oprimidos del Sur del planeta siguiendo el enfoque de “otra mundialización”.

Sociólogo de la religión, teólogo y actor de la renovación de la Iglesia

Nacido en 1925 en Bruselas, nieto de un ex primer ministro de Bélgica y el mayor de una familia de 14 hijos, François Houtart fue ordenado sacerdote en 1949. Después del seminario, inicia estudios de sociología de las religiones y de sociología urbana en Louvain y más tarde en la universidad de Chicago en 1952 y 1953. Inicia su carrera de sociólogo poniendo su sociología urbana al servicio de la Iglesia de Bélgica, a través de una larga encuesta consagrada a las parroquias de Bruselas publicada en 1952. Desde el inicio, considero la investigación como una actividad científica que tiene un propósito práctico: dar mejores herramientas a la acción social y, en particular al inicio de su carrera, a la acción pastoral, para “contribuir al rol emancipador que tiene la iglesia en el mundo moderno” (Sahabandhu, 2005).

Houtart fue nombrado presidente de la Federación Internacional de Institutos de Investigación Sociorreligiosa, asume la dirección en 1960 de la revista Social Compass, hasta 1999 y la convierte en una de las principales referencias internacionales en esa especialidad. En su sociología de la religión, François Houtart buscaba explicar el rol de la religión en la sociedad y como contribuye a construir culturas y la sociedad en general. Promovió una sociología de las religiones que se niega a replegarse en sí misma. Por un lado, impulsa el diálogo entre las religiones y los análisis de varias religiones. Dedica su tesis de doctorado al budismo en Sri Lanka (Houtart, 1974) y desde los años 1970 acentúa la dimensión ecuménica de la “teología de la liberación”, poniendo de relieve las orientaciones y las prácticas similares en el islam, el budismo, el hinduismo o el judaísmo (Houtart, 2000). Por el otro lado, inscribe la sociología de las religiones en un diálogo constante con el análisis crítico del capitalismo, la sociología política y del desarrollo y las epistemologías del Sur (Houtart, 2001a, 2005a).

Su relación estrecha con América latina tuvo un impacto decisivo en su manera de entender el mundo. Apoyándose en la red de la Juventud Obrera Cristiana en la cual estaba activo, recorre casi todos los países latino-americanos en los años 1950. Entre 1958 y 1962, coordina los equipos que redactaron 43 tomos sobre la Iglesia en América latina. El Cardenal brasileño Helder Camara le solicitá en aquel momento, la redacción de un resumen de esta extensa obra que sería distribuido a todos los obispos participantes en el Concilio Vaticano II (1962-1965) y lo invita más tarde a participar activamente en este Concilio en calidad de miembro experto del Consejo Episcopal Latinoamericano. Desempeñará un papel muy activo en la redacción de la constitución pastoral Gaudium et Spes (Alegría y Esperanza) “sobre la Iglesia en el mundo de estos tiempos” que fue uno de los principales documentos emanados del concilio (Gigacz, 2017).

François Houtart siempre afirmó claramente elegir “la opción preferencial para los pobres” que se sitúa en el centro de lo que su amigo Gustavo Gutiérrez llamará en 1970 la “teología de la liberación”: vivir la fe, y analizar la sociedad y transformarla partiendo del punto de vista de los pobres trabajando con ellos para transformarla. Para François Houtart, el mensaje del Evangelio es radical: luchar por la emancipación de los oprimidos y contra la raíz de la opresión: que es el sistema capitalista.

Muy implicado en la orientación de los trabajos de los estudiantes y los jóvenes investigadores que pasaban por la Universidad de Lovaina, Houtart fue el profesor y el amigo de Camilo Torres, sacerdote católico fundador de la facultad de sociología en la Universidad de Colombia y que después de muchas tentativas para transformar la sociedad colombiana particularmente desigual, eligió juntarse a la guerrilla. François Houtart y Jaime Caycedo (2010) le dedicaron un libro de homenaje y análisis, centrado en el concepto de “amor eficaz [1]”.

François Houtart fue toda su vida fiel al impulso espiritual y social del Concilio Vaticano II. Inscribió sus luchas en el seno de la Iglesia católica, promoviendo la visión del Evangelio al servicio de los pobres. Con el auge de los conservadores dentro de la Iglesia romana y el cuestionamiento de algunas orientaciones del Concilio, François Houtart y los teólogos de la liberación estarían cada vez más en contradicción con la doctrina conservadora de la Iglesia, sobre todo a partir de la llegada de Juan Pablo II (Houtart, 2005b). Karol Wojtila había sido un amigo personal de François Houtart desde 1947. Lo recibía en su casa en Bruselas durante las vacaciones de verano en la época en que estudiaba en el seminario y colaboraron luego en la misma comisión en el Concilio Vaticano II. Pero como pontífice, el sacerdote polaco veía en las experiencias progresistas en Vietnam y Nicaragua la amenaza de un comunismo ateo y en las comunidades de base y en la teología de la liberación la simiente de una división de la Iglesia.

El compromiso sociológico: Arraigar las luchas en el análisis de la realidad social

Su mensaje en la homilía que pronunció en la misa de la fiesta de la Universidad de Lovaina el 2 de febrero 2003 define claramente el sentido de su compromiso como sociólogo: “Nunca antes ha tenido la humanidad tantos medios materiales y conocimientos científicos, y nunca antes tantos seres humanos han sufrido hambre y miseria” (Houtart, 2005a:166). Las fuentes y causas de la miseria no se encuentran en los problemas materiales o de producción, sino en las relaciones sociales, aspecto que se debe analizar con rigor.

La necesidad de anclar las luchas sociales en el marco de un análisis sólido y riguroso de la situación y del sistema era el verdadero leitmotiv de François Houtart. Este era el sentido de su trabajo como sociólogo, de sus innumerables intervenciones en las universidades y en las juntas de actores sociales.

Como sus colegas latinoamericanos de la teología de la liberación, Houtart consideraba la teoría marxista como la mejor herramienta para analizar la sociedad y el sistema económico. No se trataba de un marxismo ateo y dogmático, sino una perspectiva analítica que permite entender la realidad social vivida por los pueblos del Sur. No se podía cambiar su condición sin atacar las raíces de la opresión que identificaba en el seno del sistema capitalista, hallando a su vez en el marxismo la base intelectual de su análisis, recalcando que el capitalismo no es solamente un sistema económico, sino sobre todo una relación social que somete a los seres humanos y a la naturaleza a la lógica de la acumulación (Houtart, 2005a). El sistema capitalista se basa en una ideología, un conjunto de valores y una visión del mundo, a los que atribuía toda su importancia como sociólogo de la religión. Para Houtart, se trata de articular la crítica del sistema a análisis de las experiencias en curso de la transición hacia una sociedad post-capitalista, ya sea por el análisis de la acción de los gobiernos progresistas (en Vietnam y en Nicaragua en los años 1980, y luego en diferentes países latinoamericanos a partir del año 2000) o de las resistencias y las alternativas de los movimientos sociales.

Hasta el final del siglo XX, sus análisis sociológicos se basaban en análisis cuantitativos de datos que recolectaban en diversos países. A comienzos de los años 2000, regresó al poblado vietnamita de Hai Van donde había estudiado cuantitativamente la transición hacia el socialismo en los años 1980 y analiza una segunda transición en el mismo pueblo, esta vez del socialismo al capitalismo. Lo publica en un libro (Houtart, 2004) que queda como una de las mejores ilustraciones de la metodología que aplicó en tantos estudios de casos: una sólida base cuantitativa que se combina por un lado con lo que aprendió en la experiencia vivida con los habitantes y la manera como ellos la percibían y por el otro con un análisis sistémico donde la perspectiva global y la experiencia local no son desconectadas.

Cambiar el mundo

François Houtart no fue solamente un analista de la evolución de la sociedad y de los movimientos sociales. Fue ante todo un protagonista del cambio. Desde los años 1960 insistió en la necesidad de lograr la confluencia de las luchas sociales, tanto entre países como que entre diferentes sectores en lucha, una perspectiva que encontró su mayor encarnación en el Foro Social Mundial, que François Houtart contribuyó a impulsar. También se distinguió por su apoyo a diferentes gobiernos progresistas que consideraba como actores del cambio social.

Convergencias y mundialización de las resistencias.

Desde los años 1960, François Houtart no cejó en su empeño de luchar contra la fragmentación de las luchas. La necesaria convergencia de las luchas y de los sectores progresistas hasta conseguir la unidad popular fue un sueño que compartió con su estudiante y amigo colombiano Camilo Torres. Juntos explicaban que “Necesitamos la unión por encima de los grupos”.

A finales del siglo XX, esta convergencia resulto más urgente frente a la globalización capitalista. “Mientras que las bases materiales de la reproducción del capital (…) se sostienen cada vez más a nivel global, las resistencias son aun esencialmente locales” (Houtart, 2001b: 65). Contra la mundialización neoliberal, él planteaba oponer “La mundialización de las resistencias y de las luchas” (Houtart & Amin, 2002). Este fue el objetivo de la anti-cumbre alter mundialista “El otro Davos” (Houtart & Polet, 1999) que organizó en Suiza con su amigo el economista crítico Samir Amin, y luego del Foro Social Mundial (FSM) que se fijara como objetivo articular la crítica del sistema en torno al surgimiento de alternativas y de hacer converger las luchas que se llevaban a cabo en todos los continentes. François Houtart fue un actor importante de los Foros sociales mundiales desde el 2001 y uno de los protagonistas mayores del Consejo Internacional del FSM donde logró relacionar a los actores de las luchas sociales que había conocido tanto en los diferentes países donde llevó a cabo sus investigaciones y como cuando había participado como de profesor invitado.

Las experiencias de los gobiernos progresistas

Como lo resume Nicolás Herrera Farfán (2017), François Houtart promovió y se apasionó por el la construcción del poder popular y la organización de los de “abajo y a la izquierda”, François Houtart nunca fue un anti-estatista. Al contrario, mantuvo su escepticismo frente a las perspectivas que proponían “cambiar el mundo sin tomar el poder” (Holloway, 2002) y estimaba que “desconocer la importancia de la esfera política es pura ilusión” (Houtart, 2005a: 195). La llegada al poder de gobiernos progresistas es necesaria para “promover alternativas y realizar cambios sociales” (Houtart, 2005a: 158). En 1955, la conferencia de Bandung (Indonesia) en 1956, el primer gran encuentro de los países recientemente independientes y “no alineados” (ni con el comunismo soviético, ni con el capitalismo norte-americano) impulsado por los presidentes progresistas de Egipto (Gamal Abdel Nasser), India (Jawaharlal Nehru) e Indonesia (Sukarno). El proyecto Pacífico, en contra del neocolonialismo e impulsando una cooperación Sur-Sur impregnó profundamente en François Houtart, quien lo considero aún 60 años después como una referencia para evaluar las acciones de los gobiernos progresistas (Houtart, 2015).

Comprometido con la solidaridad con Cuba desde los años 1950, Houtart fue consejero del régimen en el marco de la preparación de la histórica visita del Papa en 1997 y desempeñaría más tarde un papel importante en la vida intelectual de la isla. Se implicó en la experiencia del gobierno sandinista en Nicaragua durante los años 1980, enseñando ciencias sociales en la Universidad Centro-americana de 1983 a 1990 y convirtiéndose en uno de los consejeros más cercanos al gobierno. Junto a la socióloga Geneviève Lemercier, llevaba a cabo encuestas de opinión con el fin de aconsejar al gobierno y cuyo análisis les condujo a ser los únicos capaces de prever la derrota de los sandinistas en las elecciones de 1990.

François Houtart mantuvo una profunda amistad con Fidel Castro y con los presidentes progresistas llegados al poder en América Latina en los años 2000, en particular con Daniel Ortega (Nicaragua), Hugo Chávez (Venezuela), Lula (Brazil) y Rafael Correa (Ecuador), este último había sido alojado en el Centro Tricontinental (CETRI) cuando estudiaba en la UCL. Si bien su visión estaba a veces sesgada por la amistad construida durante las antiguas luchas comunes [2], François Houtart llamó regularmente la atención de estos dirigentes e hizo un balance crítico de los regímenes de la izquierda latinoamericana, evaluando sus políticas como “post-neoliberales, pero no post-capitalistas” (Houtart, 2015b). Señaló las contradicciones entre los discursos inspirados por la ecología y las políticas que favorecían a las industrias de extracción en esos países. Se mostró también muy crítico frente a la represión de los movimientos indígenas y de investigadores, que él visitó en las cárceles al final del régimen de Rafael Correa en Ecuador.

Un sociólogo precursor

Las ciencias sociales evolucionaron mucho en las casi siete décadas de la carrera académica de François Houtart. El marxismo y los análisis estructurales perdieron mucho de su centralidad. El regreso del marxismo en las ciencias sociales se combina con una renovación de su pensamiento, perspectivas heterodoxas y una atención creciente a la ecología (Martínez Andrade, 2016).

François Houtart fue un intelectual y un sociólogo de su tiempo, marcado tanto por una sociología estructuralista que había aprendido en Chicago, como por los análisis marxistas y por la teología de la liberación. A releer su biografía y sus textos en 2017, Houtart aparece sin embargo como un precursor, pues que se anticipó de varias décadas o por lo menos en dos evoluciones mayores de las ciencias sociales contemporáneas y por las cuales su obra y sus proyectos desde los años 1950 quedan como referentes históricos: por un lado las epistemologías del (desde el) Sur por un lado, y por otro la importancia de los campesinos y la ecología.

Epistemologías del sur

Tanto en su obra como en su vida, François Houtart fue un actor lo que Boaventura Sousa Santos (2009) llamaría mucho más tarde la “epistemología del Sur”: ver y pensar el mundo, la opresión y la emancipación a partir del Sur y de los oprimidos.

Medio siglo antes de la publicación del libro de Sousa Santos, François Houtart aplicaba ya esta perspectiva desde su primera investigación en América Latina, inspirado por la metodología del sacerdote Joseph Cardijn, fundador del Movimiento Obrero Cristiano: “ver, juzgar, actuar”. No dejó de enriquecer sus análisis con los puntos de vista de los actores y los investigadores del Sur y multiplicó los encuentros y los proyectos para difundir las perspectivas de los intelectuales y actores progresistas de Asia, África y América Latina tanto en los otros países del Sur como en el Norte del planeta. Es el proyecto fundador del “Centro Tricontinental” que Houtart constituyó en Bélgica en 1976 y luego de la revista Alternatives Sud, que publica cuatro números temáticos al año con este mismo propósito desde 1984.

Como lo resume Nicolás Herrera Farfán (2017), el pensamiento de François Houtart “es un pensamiento situado y éticamente comprometido (…) Partía siempre de la realidad mirando los problemas con los ojos de los de abajo; tomó partido, abandonando la pretensión positivista de la objetividad y la neutralidad. Su “lugar de enunciación (Dussel, 2001) fue siempre la exterioridad de la Modernidad capitalista: el explotado, humillado, condenado, ofendido (...) y por eso privilegió el diálogo Sur-Sur, nutriéndose de la savia popular, sin raptos ni saqueos de las ideas generadoras”. Esta perspectiva epistemológica fue ampliamente difundida desde el año 2000, al calor de los debates sobre las perspectivas post-coloniales y descoloniales.

Salir del eurocentrismo, conduce a pensar de otra manera la emancipación y los movimientos sociales. François Houtart puso en práctica una sociología de las emergencias, en la que las experiencias locales son de hecho “islas en el océano del mercado mundial, a la vez que anuncian el desarrollo de una visión crítica del modelo contemporáneo desde una perspectiva claramente holística” (Houtart, 2011a: 49).

Ecología y bienes comunes de la humanidad

La influencia de las perspectivas de los actores del sur es particularmente dominante en la evolución del pensamiento de François Houtart durante los diez últimos años y sobre todo influyó en el lugar central que para él ocupaba la ecología y los bienes comunes de la humanidad para pensar las resistencias y las alternativas hacia una sociedad post-capitalista. Los caminos de la crítica y de la emancipación se redefinen en un mundo incierto (Houtart, 2009): “Las nuevas circunstancias exigen una renovación de las perspectivas y de los paradigmas de la vida cotidiana de la humanidad” (Houtart, 2011a: 35). Frente a la “mundialización actual que significa la utilización irracional de los recursos naturales” (Houtart, 2005a:168), François Houtart opone los “bienes comunes de la humanidad” y la ecología como núcleo del nuevo paradigma para pensar la emancipación en el siglo XXI.

Se trata de “pasar de la explotación (concepto del capitalismo) respeto de la tierra como fuente de toda vida, física, cultural, espiritual, y fomentar una visión biocéntrica del universo” (Houtart, 2011a). Es en este contexto que la agricultura familiar, campesina e indígena, los movimientos indígenas y la defensa de la soberanía en todos los sectores (alimentario, energético o político) toman sentido plenamente (Houtart, 2011a: 49). Encontramos aquí la perspectiva holística que tiene la obligación de integrar las relaciones con los hombres, con la sociedad y con el planeta, en la que las dimensiones material y espiritual están estrechamente articuladas: “El ser humano es uno: su espiritualidad presupone la materia, y su materialidad no tiene sentido sin el espíritu. Una visión culturalista de la espiritualidad que ignore la materialidad del ser humano, es decir, un cuerpo para el individuo y una realidad económica-política para la sociedad, es una desviación conceptual que conduce al reduccionismo” (Houtart, 2011a :57).

Se percibe en Houtart, una fuerte influencia de los movimientos indígenas, campesinos y ecologistas del sur (Houtart, 2010) de la cosmovisión del Sumak Kawsay (traducido al español como “Buen vivir”) de las comunidades indígenas de Bolivia y del Ecuador. Esta cosmovisión promueve el respeto de la naturaleza, la inserción del hombre en la comunidad y un concepto de lo que significa una vida buena, muy diferente a la percepción propuesta e impuesta por la modernidad capitalista y colonial (Houtart, 2011b).

La ecología de François Houtart no es un complemento del alma ni de la lucha de clases, ni de un capitalismo en crisis. Se sitúa en el centro del nuevo paradigma para pensar la emancipación y la sociedad post-capitalista en el siglo XXI. Esta ecología no puede acomodarse a un capitalismo verde, virulentamente denunciado por Houtart. A mediados de los años 2000, fue uno de los primeros investigadores en constatar las desviaciones de los agro-combustibles (Houtart, 2009), entonces anunciados como “combustibles verdes” que ofrecían una salida a los campesinos y remplazarían el petróleo; demostró que estos combustibles en el fondo favorecían a los grandes propietarios terratenientes, destruyendo la biodiversidad y amenazando a los pequeños campesinos. Unos años más tarde, en su libro dedicado al bien común de la humanidad, deja claro que

“ya no existen soluciones “reguladoras” dentro del sistema mismo. El capitalismo ha impuesto la lógica de soluciones individuales ante problemas colectivos y comunes, como el hambre, el desempleo, la contaminación, la inseguridad, etc. Estas soluciones individuales, a su vez, son mercantilizadas; es decir, su resolución es a través del mercado. El capitalismo transnacionalizado y financiarizado ha llevado esa mercantilización e individualización de la vida a extremos que ponen en peligro la vida misma del planeta.” (Houtart, 2011)

Este nuevo paradigma reconoce el valor de los movimientos indígenas y campesinos así como las resistencias locales y asevera, “cada una a su manera, contribuyen a la lucha general que es la de la búsqueda del Bien Común de la Humanidad” (Houtart, 2017: 3). Esta atención otorgada a los pequeños campesinos y a los desafíos de la alimentación no es nueva en lo absoluto. François Houtart le dedica un libro desde 1956. Pero el nuevo paradigma en el que pensamos la emancipación y la superación de la modernidad capitalista le da una importancia renovada y probablemente central en la transición hacia una sociedad ecologista y la vida en común en un planeta con recursos limitados (Pleyers, 2015).

Un intelectual y un ser humano cosmopolita

François Houtart encarna la figura de un intelectual progresista global. Profundamente cosmopolita, internacionalista y ecuménico. Desde los años 1950, se comprometió en la solidaridad internacional, particularmente junto a los pueblos cubano, Tamil en Sri Lanka y vietnamita. Fue profesor en la universidad de Sri Lanka de 1968 a 1972 y luego en la universidad nacional de Vietnam de 1977 a 1980. A la edad de 92 años, seguía recorriendo el mundo para denunciar las masacres contra el pueblo tamil en Sri Lanka, la ocupación de Palestina y la guerra al Este del Congo, y también para conseguir la paz en Siria y en Colombia, y acompañando al movimiento campesino de los Sin Tierra en Brasil o para entender la situación en Venezuela [3].

Su nominación en 2008 como miembro de la comisión de la ONU “para la reforma del sistema monetario y financiero internacional”, presidida por el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, junto con el premio Singh “por la promoción de la tolerancia y de la no-violencia”, que le atribuyó la UNESCO en el 2009, son pruebas de la magnitud del reconocimiento internacional del que disfrutaba François Houtart. Se mantuvo disponible para apoyar a los movimientos sociales en América Latina, en África y en Asia. Se había establecido en la Fundación Pueblo Indio del Ecuador en Quito desde 2010. Enseñaba en la Universidad Central de Ecuador y más tarde en el Instituto de Altos Estudios Nacionales en la cual fue nombrado a los 88 años de edad profesor en 2013 y donde inauguraron en 2015 la “Catedra François Houtart”.

Incansable crítico de la mundialización neoliberal, François Houtart no paró de clamar a otra mundialización”, la mundialización de la justicia, del amor y de la vida [4]”. Políglota, fue un ciudadano del mundo y un intelectual global para quien era necesario aprehender la realidad a un nivel local, nacional y global y llevar las resistencias y las luchas también hasta el nivel global. Su análisis polifacético era también holístico, conectando las dimensiones económicas, sociales, políticas, culturales y espirituales de los seres humanos y de las sociedades. Este ecumenista pasaba por la experiencia cotidiana de la interculturalidad en el sentido en que la entiende Fornet Betancourt (2011): un verdadero encuentro con el prójimo y una apertura a su cultura, su cosmovisión y sus diferencias.

Es en este encuentro con el prójimo que François Houtart cimentaba su compromiso y sus análisis. Queda como un sociólogo comprometido, un teólogo cosmopolita y un protagonista de su tiempo que no se conformó con el análisis y que contribuyó al surgimiento de movimientos de emancipación a escala global. Pero todos los que le conocimos nos quedaremos con el recuerdo de un hombre sencillo, siempre generoso con su tiempo, que valoraba el contacto con cada uno, cualquiera que fuera su rango social.

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    user_upload/bien_commun_de_l_humanite.pdf.
  • 2011b “El concepto de Sumak Kausay (Buen vivir) y su correspondencia con el bien común de la humanidad”, Ecuador Decide, 84, p.57-72.
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  • 2009 Epistemologías del Sur, México: Siglo XXI.

.

Artículo publicado originalmente en la revista Topologik, numéro 22, II semestre 2017.

[1Video de la intervención de François Houtart en el coloquio dedicado a Camilo Torres en la Universidad Católica de Lovaina y en el Instituto de Altos Estudios sobre América latina en París (IHEAL, Universidad Paris 3) https://www.youtube.com/watch?v=F7LAKTNTHcY

[2Los progresistas nicaragüenses le reprocharon su apoyo a Daniel Ortega, antiguo líder de la revolución sandinista, quien volvió al poder como empresario neoliberal en el 2007.

[3Su biografía (HOUTART F., TABLADA C., 2010), cuyo segundo tomo acababa de terminarse, brinda una idea de una vida de una intensidad poco común.

[4Título de su homilía pronunciada en la misa de la fiesta de la Universidad Católica de Lovaina el 2 de febrero del 2003 (HOUTART F., 2005, pp.165-172).

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